Baudrillard y los objetos

Jean Baudrillard habla, en su libro El sistema de los objetos, acerca de cómo han ido evolucionando, a través de su función, los objetos. “No cabe duda que estas innovaciones no constituyen de ninguna manera una improvisación libre: las más de las veces, esta mayor movilidad, conmutabilidad y oportunidad no es sino el resultado de una adaptación forzosa a la falta de espacio. Es la pobreza la que da lugar a la invención[1]. Este fragmento extraído del libro se refiere a objetos que llenan espacios modernos: sofá cama, aparador, roperos en alacenas ocultables, etc. En el libro habla acerca del color, de los espacios, de las paredes de la luz, todo analizado desde el punto de vista de la semiótica y de la comunicación.

A partir de esta breve e insuficiente introducción parto a analizar mi objeto más preciado. Los objetos nos constituyen, hablan de nosotros, nos hacen felices. Me encontraba pensando acerca de esto, y no tenía la plena seguridad de tener un “favorito”. He llegado a la conclusión que por la utilidad, forma, función, algunos objetos coronan el primer puesto y desde otro paradigma cambian; sin embargo, en esencia de mi persona, hay un objeto que es, se podría decir, mi vida: mi guitarra. Más que la guitarra en sí —no es una guitarra cara, es mi primera guitarra y la única hasta ahora, a la que he dedicado horas de práctica en música clásica; y, otras tantas, en música popular— es la representación que la música tiene en mi vida. Digo esto porque ‘perdiendo el tiempo’, talvez no sea adecuado llamarlo así, tocando guitarra y trompeta, me di cuenta que el instrumento que más me gusta es el piano; y, también pensé que, si se podría escoger un objeto ficticio o que no se posea, hubiese escogido un Piano Bosendorfer.

Todo empezó con mi carencia del objeto para expresarme musicalmente; entonces, mi padre, cuando tuve quince años, me compró mi guitarra Cavero. La misma que me dio mucha satisfacción, llenó mi carencia y me acompañó muchas horas produciéndome gran placer. Desde ese momento comenzó la relación mágica que se suele establecer entre los objetos y las personas; la cuidaba —aún lo hago­— como a mí vida. Pocos meses después me inscribí en el conservatorio donde adquirió mucho más valor, tanto la música como el objeto en sí. Desde el punto de vista cultural y desde mi realidad, no hubiera podido escoger otro instrumento —a esa edad— que ese, porque prácticamente era el más conocido por mí y mi entorno.

La relación que tiene y ha tenido, mi guitarra, con otros objetos (valor sintagmático) es por ejemplo de necesidad; una vez que las cuerdas se gastan, compré —por utilidad (mayor sonoridad)— buenas cuerdas para reponerlas. También hay relación con mi físico y desarrollo, tenía que dejarme las uñas de la mano derecha, al menos los cuatro primeros dedos, largas las uñas. Se relaciona con libros y partituras, las que estudiaba hasta no poder más del sueño, se relaciona especialmente con tres de los cinco Preludios de Héctor Villa-lobos; mis obras preferidas; tiene relación muy cercana con mi expresividad, sentimientos, Arte, pasión, desarrollo, adolescencia, luz tenue. Se relaciona, también, con personas: con lo que pude hacerlas sentir; hasta ahora he relacionado más limitándome a la música académica, pero también desde la música popular tiene valor. En mi etapa de adolescencia temprana, media y tardía, me relacioné con la estética punk, tocaba ese tipo de música lo que generaba en las personas aversión, o mucha euforia. También gracias a que estudié en un colegio de Jesuitas, tiene relación con la religión y con las canciones religiosas que, creo, jamás podré sacar de mi memoria.

Baudrillard habla acerca del color (material, funcional) y del material. A partir de esto mi objeto tiene madera natural y un lacado que se siente realmente bien bajo los dedos, manos, antebrazo. El color es estético, quiere representar al color de la madera, las cuerdas prefiero blancas. Si planteamos al objeto como significante, tiene varios significados: el valor de uso es el más importante, porque no es ornamental, y la naturaleza de un instrumento musical es para ser tocado; el valor de cambio que tiene, relación con el valor de uso en este caso, puede ser intercambiadas canciones por aplausos, comida, bebida o dinero —no se cambia el objeto en sí, sino lo que el objeto produce a través de la mano del humano—; y por último el valor simbólico es importante, por ser el primer instrumento, porque fue el camino que me llevó hacia la música y el Arte, con esa guitarra he compuesto mis primeras obras; es decir todo lo mencionado anteriormente converge en este punto para sólo decir que talvez no tiene valor en sí, pero para mí es lo más importante que poseo.


[1] Baudrillard, Jean. El sistema de los objetos. Siglo XXI. México. 1969 (traducción de González Aramburu).

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