Ilíada de Homero, un ligero acercamiento

A la trágica figura de Aquiles debe la Ilíada el no ser para
nosotros un venerable manuscrito del espíritu guerrero
primitivo, sino un monumento inmortal para el conocimiento
de la vida y del dolor humano.

Jaeger, Homero el educador, pp 57.

Los campos Troyanos gastados por diez años de guerra, son el escenario donde se desarrolla una de las historias más interesantes para conocer la cultura griega. Los héroes blandiendo su espada, luchando con piedras, poniendo a prueba su honor, valor y  areté, se enfrentaron en cruenta lucha por mandato de los dioses. La Ilíada es un texto lírico que nos muestra, a través de las hazañas de sus personajes, de manera viviente, la sociedad griega, sus valores, creencias, sentido de la educación. El lector puede deleitarse y transportarse hacia el campo de batalla, sentir las lanzas pasar a su alrededor, escuchar el desplome de los cadáveres contra el suelo, presenciar la aristeia de los héroes, sentir el tejido de las Moiras formar sus mandatos del hado, ver a los dioses proveer de menos a sus favoritos.

Canta, diosa, la cólera aciaga de Aquiles Pélida. De esta manera la voz poética comienza la narración de la historia; los aedos, según Luis Gil, no se sienten responsables de sus narraciones, sino son las Moiras quienes las cuentan, lo que propone al poeta como intermediario entre dioses y humanos; además que nos muestra a la Ilíada procedente de un origen divino. Esta voz lírica, que se le atribuye la creación a Homero, nos relata con muchos artilugios muy apropiados los acontecimientos, Jaeger menciona: Homero es el representante de la cultura griega primitiva. Hemos apreciado ya su valor como fuente de nuestro conocimiento histórico de la sociedad griega más antigua.

En la antigua cultura griega las acciones tiene una estrecha relación con las palabras. Para explicar aquella sociedad es necesario comprender el significado de areté. Cito a Jaeger: La palabra “virtud” en su acepción no atenuada por el uso puramente moral, como expresión del más alto ideal caballeresco unido a una conducta cortesana y selecta y el heroísmo guerrero, expresaría acaso el sentido de la palabra griega. Este concepto era el ideal de educación, por tal motivo los guerreros de la Ilíada poseen areté en las que basan sus actos y palabras. De este modo se entiende de manera más clara el sentimiento que impulsa a Aquiles a actuar de aquella manera, cuando decide no participar en la guerra de Troya. Agamenón hiere públicamente la areté y el honor del Pélida, como dice Jaeger para Homero y el mundo de la nobleza de su tiempo la negación del honor era, en cambio, la mayor tragedia humana. Así se entiende también la megalopsiquía con que se tratan los héroes en la batalla; por más que sea su enemigo consideran su dignidad y su discurso es respetuoso.

Un elemento adicional a saber antes de continuar, para apreciar mejor la cultura griega de ese entonces, es el anhelo de kléos o como lo menciona Jaeger afán de distinguirse y aspiración al honor en la guerra, puede ser vista desde el paradigma cristiano como vanidad; sin embargo para los héroes griegos era diferente, en esa época se afirmaba que la areté heróica se perfecciona sólo con la muerte física del héroe. Al consolidar su areté en la guerra podían aspirar al thanatos kalos, como menciona Jean Pierre Vernant. Con esta afirmación podemos considerar que Aquiles al no participar en la guerra de Troya sentía un fuerte dolor; pues en la cultura griega, como menciona Jaeger: Quien se estima a sí mismo debe ser infatigable en la defensa de sus amigos, sacrificarse en honor de su patria, abandonar gustoso dinero bienes y honores para “entrar en posesión de la belleza”. Resumido en una palabra: Heroísmo, otro componente de los griegos.

El elemento de ate, uno de los motores de los cantos griegos,  que está presente en las acciones de dioses y hombres, es la expresión de lo que los griegos consideraban como hado. Los dioses producen ate a los mortales, lo que les hace, parafraseando a Doods, presas del destino. La ate puede tener dos procedencias: a través de actos culpables o temerarios; en el caso de la Ilíada, Patroclo anhelante de kléos adquiere la ate y decide enfrentarse con Héctor, a pesar de la orden de Aquiles. Pero la culpa no recae en Patroclo, sino en Zeus o de las Moiras que han provisto ese fin para que Aquiles regrese a la batalla. Sin embargo, existe la otra cara de la moneda, los cuales algunos teóricos piensan que los griegos sí tienen elección y no son eventos del entramado del hado. El mismo Doods menciona que: podemos suponer que la noción de ate –que es provista por los dioses y por tal parte del destino– sirvió un fin semejante para el hombre homérico, capacitándole para proyectar, con completa buena fe, sobre un poder externo los sentimientos de vergüenza para el insoportables.

La voz lírica nos encausa en narraciones esplendorosas, dando uso a un lenguaje grandilocuente hace que nos interesemos en la trama. Existen cantos en la Ilíada que plantean problemas humanos universales, y nosotros lectores del siglo XXI nos sentimos identificados. Esta reflexión nos lleva a uno de los cantos más hermosos de la obra: cuando Aquiles llora el cadáver de Patroclo. Se puede, el lector, sentir identificado con el dolor por la muerte de un amigo. O cuando Héctor habla con Príamo, Hécuba, Andrómaca y su hijo; que a sabiendas de su próxima muerte se sumerge con valor a la vehemente guerra donde los hombres muestran su valor y ganan reconocimiento. Existen historias dentro de la Ilíada, nos remite a mitos antiguos, a la historia; pero el momento culminante de la narración a mi parecer es cuando Hefesto forja el escudo de Aquiles. La voz poética toma un descanso de la guerra y narra una obra de arte dentro de otra, tal como lo dice Blanco Freijeiro.

Todos los detalles mencionados, junto con una extensa lista de atributos, hacen de la Ilíada un libro único, esplendoroso, que genera deleite y apego hacia él. No sólo es una ventana hacia la cultura del pasado; sino es, también, una narración poética llena de símiles de mucho arte e ingenio, la cual nos entretiene y ahonda en su comprensión. La lectura atenta, a pesar de la premura genera conexiones y razonamientos que producen placer estético y muchas veces generó, en mí, uno que otro suspiro.

Encontramos en la Ilíada un libro de narraciones guerreras, pero la voz poética cuenta siempre eventos alternos que la hacen fluir de una manera adecuada. Las conversaciones que tienen los guerreros tienen presencia en muchos versos de este libro, diálogos de modo directo e indirecto que siempre reflejan un respeto por el honor del amigo e incluso del enemigo. Como un texto de proveniencia épica consta de elementos mnemotécnicos, como la repetición de fragmentos completos; como una cadena de narración de un oído a otro. Cabe resaltar que como parte de este recurso se emplea una herramienta llamada ironía trágica, en la que se adelanta lo que va a pasar en la historia.

La Ilíada era un relato protréptico; lo que indica que servía, además de entretener, como un método de formación, es decir un libro a servicio de la paideia. Por ello vemos tan presente y recalcados todos los valores antes mencionados de la cultura griega. Los héroes se convertían en modelos del hombre griego, los ideales de los héroes eran las metas de ellos, es quizá por ello que se exalta tanto la areté, el honor, y de una manera se idealiza al guerrero. Siempre los lectores se identificarán con Aquiles, Héctor, Ajax, Diomedes, Odiseo, son los mayores representantes del valor, de la fuerza. Un último concepto muy importante para la cultura griega y que lleva otro de los momentos más hermosos de la Ilíada, es la hospitalidad, por la que no se baten en lucha Glauco con Diomedes.

Miro a Aquiles y encuentro el ideal griego, la areté guerrera en su máxima expresión, miro a Héctor encuentro el valor, a Odiseo la sensatez y la astucia, a Patroclo la ternura, a Ajax y Diomedes la fuerza; todos estos componentes que forjaban el ideal del hombre griego antiguo, de alguna manera esos versos se calcan en las almas de los lectores y sienten, como debieron haberlo hecho en la antigüedad los hombres, y a través de los tiempos, predisposición a aquel ideal; no en términos de guerra, sino de honor, valor, bravura, inteligencia, entrega, altruismo, hospitalidad y la lista es de no terminar. Para finalizar no puedo plasmar los sentimientos que me generó la lectura de la Ilíada, tan sólo me vienen ideas como un torrente de agua y sentimientos tan fuertes y vívidos como los descritos por la voz poética. Sin más, es un texto maravilloso.

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