Mito y logos

Uno de los hechos más importantes para el desarrollo de la humanidad es el paso del mythos al lôgos. Vernant, en su ensayo “Del mito a la razón”, menciona que el advenimiento del logos introduciría en la historia una discontinuidad radical. Propone a la filosofía sin padres, como una invención nueva que ha ido desarrollándose a través del tiempo. Sin embargo; no se puede hablar, refiriéndose a la filosofía, de una nueva visión que no tiene predecesores. Justamente existen algunos textos: griegos, babilonios, hebreos, egipcios, que pautan la vía de este salto en la concepción de la realidad del hombre.

Los mitos griegos son generados a partir de hipotextos, o toman a textos anteriores de otras culturas como referentes para crear su mitología. Por esta razón es que podemos encontrar similitudes entre mitos griegos y babilonios o hebreos. Burkert, en su ensayo “Cosmogonías griegas y orientales: temas comunes y elecciones en contraste” se pregunta acerca de la similitud entre mitos griegos y hebreos (la Biblia). Dice que los griegos sólo conocían el Antiguo Testamento desde la época helenística 323 a.C., sin embargo su mitología épica es escrita 800 a.C. aproximadamente. ¿A qué se debe la similitud de temas si no tuvieron un contacto directo entre sus textos? La respuesta es que ambos tuvieron las mismas influencias literarias antes de escribir sus mitos. Los hipotextos a los que me refiero son el Enûma Elish[1] y el Gilgamesh.

Walter Burkert escribe: los griegos no partieron de la nada. Refiriéndose a las influencias de Oriente que tuvieron tanto para su mitología como para dar el salto hacia el logos. Los nuevos conceptos matemáticos y científicos parecen acumularse en la Grecia arcaica —menciona Burkert— paralelamente a la llamada ciencia babilonia. De esta rama de la ciencia es concebida la visión mitológica: las cosmogonías y teogonías. Y no sólo la visión mitológica, sino también una perspectiva más lógica, incluso teorías científicas: el teorema de Pitágoras o el sistema planetario. Vernant, dando la importancia que ameritan, dice que “Occidente hoy ya no puede considerar su pensamiento como el pensamiento, ni saludar en la aurora de la filosofía griega el nacimiento del sol de la Razón”[2]. No se puede negar la importancia del otro paradigma propuesto por las grandes civilizaciones espiritualmente diferentes a la nuestra China e India; que de alguna manera tratan hechos iguales.

Para ejemplificar la importancia de las culturas de Oriente hablaré acerca de la música. El paso de la escala primitiva a la escala pitagórica genera mayor posibilidad de creación y una concepción diferente de la música, con muchas más posibilidades creativas y sensitivas. La escala primitiva[3], pentáfona, como su nombre lo indica, tiene cinco notas, donde no existen los semitonos que son la característica de la escala pitagórica. Pitágoras descubrió que las principales consonancias —octavas, cuartas y quintas— correspondían a las divisiones exactas de la cuerda tendida de un arco[4]. De la escala se derivan los modos griegos: frigio, lidio, mixolidio y sus derivados. Lo que difiere y casi se ha perdido en la actualidad es que cada modo representaba un estado de alma diferente y se utilizaba en determinados eventos dependiendo de su carácter. La cultura musical de la India tiene una marcada diferencia que ha tomado importancia, desde inicios del siglo pasado, en nuestra cultura. Su sistema, tanto rítimico como armónico, es diferente; sus escalan no tienen siete notas como la pitagórica, sino constan de veinte y dos microtonos que a un oído occidental son casi imperceptibles, o podría asociarse con la desafinación de un instrumento.

Así como cada cultura genera su pensamiento propio, los griegos hicieron lo mismo, no se puede negar la importancia de la perspectiva que ofrecieron con la búsqueda del Arkhé (ἀρχή) o el primer elemento de todas las cosas. Búsqueda que Tales de Mileto encuentra en el Agua, Heráclito en el Fuego, Pitágoras en el Número, etc. Si bien, como dije al comienzo del ensayo, han generado su pensamiento a partir de elementos existentes, ¿quién puede y ha generado una nueva visión a partir de la nada? La filosofía para Burkert es una concatenación de lecturas, relecturas y críticas de teorías: Aristóteles leyó y criticó a Platón y a todos los demás. Desde entonces, la filosofía ha sido un diálogo crítico con los textos fundamentales; nadie ha sido capaz—dice Burkert— de reinventar la filosofía, porque ya existía. Y si luego de XXIII siglos aproximadamente, nadie ha cambiado el paradigma establecido por los griegos, cómo pueden juzgar que hayan evolucionado desde un pensamiento preexistente. Además que la tradición, que es la acumulación de conocimiento a través del tiempo, es una fuente que enriquece al texto, no que lo desvirtúa.

Varios mitos han generado interés en autores antiguos y modernos, en las distintas artes. Lo que determina la creación de obras a partir de relectura y reescritura de los mitos. Uno de los ejemplos más conocidos es el cuento de Jorge Luis Borges “La casa de Asterión”; donde lo innovador es la perspectiva que el autor toma para narrar el mito, en la cual cambia respecto a la original. Incluso sin ir tan lejos, temporal y geográficamente, dentro de la misma civilización Griega; los mitos son recontados por los dramaturgos de una manera más exhaustiva. Los autores toman pequeños pasajes de mitos y los narran en una obra de teatro. Así es que en los ditirambos, y en otras festividades de la Grecia antigua; Esquilo, Sófocles, Eurípides y posteriormente Aristófanes, Menandro, etc. presentaron sus obras en los teatros griegos, donde incluso habían concursos.

Esa es la influencia que la épica ha tenido dentro de la posteridad. Dentro de la Ilíada, tenemos historias que sirven para representar la valentía guerrera; donde se palpa las aristeias valerosas de los héroes. Ha sido retomada en la actualidad para presentarse en películas como: Troya. La Odisea, que a partir de su lectura, popularmente, se ha convertido en la manera de adjetivar un viaje o retorno extenso y casi imposible. Las sirenas en el hipertexto de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, Circe de Cortázar, la perspectiva diferente de Penélope en el cuento de Monterroso, la rememoración de la Ilíada en “Semejante a la noche” de Carpentier, o el silencio de las sirenas en el cuento de Kafka. Este mismo amor a los clásicos e interés por sus fascinantes historias llevan a Gluck a componer la ópera “Orfeo y Eurídice”, a Cortázar a escribir “Los reyes”, a Mary Wollstonecraft Shelley a crear al Prometeo moderno, o a Goya a pintar “Saturno devorando a un hijo”.

Leer los poemas épicos deja, a parte de enseñanzas —en vista que son relatos protrépticos—, sentimientos y sensaciones. Al leer la Ilíada, uno puede sentir el terrible dolor que ocasiona la muerte de Patroclo en Aquiles; en la Odisea, uno puede sentir el miedo frente a Polifemo; en la Teogonía, puede ver el nacimiento de Venus desde la emasculación de Cronos; en los Trabajos y los días ver a Pandora y sentir la culpabilidad del castigo hacia los hombres. Lo que quiero decir es que son relatos, pero más que relatos son símbolos, son obras de arte, por eso el hombre sigue leyéndolos y estudiándolos. El mito de Prometeo junto con el de Orfeo son los mitos que personalmente más me agradan.

Aunque en la Teogonía y en los Trabajos y los días, se mencione a breves rasgos el mito de Prometeo, es un mito de vasta complejidad formal y semántica. Jean Pierre Vernant hace un análisis estructural de este mito, en el cual vemos la complejidad del mito y su relación en los dos libros de Hesíodo. Prometeo se define por su Metis que es la astucia, la inteligencia sagaz, la capacidad de engaño. El relato consiste en un duelo de astucia, ¿quién engaña a quién? Prometeo engaña a Zeus, que también posee Metis, al ofrecer la porción apetitosa pero incomible de un buey. Zeus, aunque no es omnipotente, sabe del engaño de Prometeo y castiga a los hombres quitándoles el fuego[5]. Y prometeo, por el amor a los hombres, roba una chispa de fuego para dárselo a los humanos. De este hecho se derivan los males que Pandora dejó escapar de la jarra o ánfora. Al igual que Prometeo engañó con un don que parecía suculento, Zeus engaña al hombre con la belleza de la mujer —Vernant dice que es ocultar un mal bajo la seductora apariencia de un bien—. Con esta breve descripción del mito, podemos dar cuenta de la belleza y la sesuda composición que caracterizan a los mitos. Y no nos queda más que agradecer a sus autores el haberlo compartido.

Resta decir, y para finalizar el ensayo, que a través de los poemas épicos podemos conocer la cultura de aquel lejano entonces. Del mito de Prometeo sabemos que es la explicación por la que el hombre sacrifica los animales para los dioses y puede comerlos. En la Ilíada entendemos el sentido de honor y de valor guerrero, aristeia (ἀριστεία), el menos que significa la ayuda de los dioses hacia un ser humano. De los ciclos épicos el demon alástor que trágicamente obstruye la vida de la familia de los Tantálidas y los Lapdásidas. De la Odisea que los sirvientes tienen tanto honor como los amos, por ejemplo Eumeo. He allí otra de las importancias por la que se debe leer y estudiar los clásicos; así como para entender el entorno del treinta en el Ecuador debemos leer el realismo social, para entender la antigüedad debemos entrar a su literatura.

Los mitos en la actualidad —menciona Vernant en su ensayo “Razones del mito”— desde el período de entreguerras se interrelacionan entre diferentes campos: la antropología (estudios de Jung), la psicología (estudios de Freud), etc. Y de esta manera se integran dos materias que desde el inicio fueron una, antes de que el mito pase a ser logos; cuando la concepción del mundo era la que está en estos libros analizados. Para que esto siga sucediendo se deben realizar relecturas de las obras, de los mitos. Por ejemplo Maurice Blanchot que expone teoría del arte desde una perspectiva del mito de Orfeo; donde el arte es el poder por el cual la noche se abre, Eurídice es el extremo que el arte puede alcanzar; habla acerca de la inspiración, la impaciencia que provoca el regresar a ver a la obra de arte —a lo que Blanchot dice que deberíamos hacerlo antes de comenzar a realizarla, una especie de previsualización totalizadora—, que nos aleja de la misma. No cabe duda de la importancia de la mitología, incluso para comprender la filosofía. Y aunque el hombre haya dado el salto de la mitos al logos eso no quiere decir que no pueda volver a él; de hecho la escritura y, prácticamente, todo arte requiere de un pensamiento mitológico, metafórico y simbólico.


[1] Existe un paralelismo entre Apsû y Tiamat del Enuma Elish, y Océano y Tethys de la Ilíada. Es uno de los ejemplos similares entre las dos mitologías.

[2] Vernant, Jean Pierre. Mito y pensamiento en la Grecia antigua. Ariel. España 1973. pp 335

[3] Esta escala era común a los Chinos, Celtas y Japoneses, que posteriormente desarrollarán otros modos y diferentes formas musicales. A diferencia de la India, donde se utiliza, hasta ahora, otra concepción musical muy rica y propia de esta cultura.

[4] Dufourcq, Norbert. Breve historia de la música. Colección Popular. México. 1963. pp 13

[5] Al quitar el fuego al hombre, éste pierde la luz, pierde el poder cocinar sus alimentos. Después del castigo, cuando prometeo roba el fuego a los dioses, el hombre debe cuidar que no se extinga su llama.

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