Cuento

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“Mientras son jóvenes aman a los hombres; se complacen en dormir con ellos y estar en sus brazos; son los primeros entre los adolescentes y los adultos, como que son de una naturaleza mucho más varonil. Sin razón se les echa en cara que viven sin pudor, porque no es la falta de este lo que les hace obrar así, sino que dotados de alma fuerte, valor varonil y carácter viril, buscan sus semejantes”
Platón, El banquete.

“Una vez más, ¿a quién debo persuadir para que caiga en las redes de tu amor? Safo, ¿quién te aflige?
Pues si huye, pronto irá tras de ti, ella no acepta dádivas, pronto las ofrecerá, si ahora no ama, pronto amará aun en contra de su voluntad”
Safo de Lesbos (650-580 a.C)

En otro tiempo había tres clases diferentes de hombres: el hombre, la mujer y uno que se lo llamaba andrógino (que era la unión de ambos). Estos hombres tenían cuatro brazos, cuatro piernas, dos fisonomías, dos órganos reproductores y una sola cabeza. En vista de que este tipo de hombre era muy poderoso, los dioses decidieron reducir su fuerza; por lo que Zeus los separó en dos y, adicionalmente, obtuvieron, los dioses, otra ventaja: duplicar el número de alabanzas y sacrificios. De la separación surgen dos hombres andróginos; éstos aman a las mujeres. Existen también las mujeres que aman a los hombres rompiendo así la unión natural de los andróginos. Se dice que las mujeres primitivas (llamadas tribactes) son atraídas por las mujeres y no por los hombres; al igual que los hombres primitivos buscan el sexo masculino.

Como puedes darte cuenta querido Erómeno no hay nada de malo entre las relaciones homosexuales, más bien es considerado mucho más varonil el unirse con un semejante. Si algo me ha demostrado estas sesiones es que tú, Erómeno, eres la mitad que se complementa conmigo. Los dos somos el ser andrógino que no se encontró y que muchas personas no llegan a encontrar nunca. Ah! si Zeus no hubiese lanzado el rayo para castigar a los de nuestra especie; ten la seguridad que estaríamos juntos, los dos, viviendo en el tártaro, pero unidos como debió ser. Si comprendes mi necesidad de amarte espero que la respondas como es debido y seamos uno solo en este mundo poblado de seres incompletos. Podemos fundirnos en el amor y llegar a la perfección que atemorizó a los dioses. No seamos como Aquiles y Patroclo, que separados por la vil muerte, no pudieron seguir consumando su amor hasta el fin de sus vidas; nosotros nos tenemos aquí, dispuestos, y nadie puede separarnos. Oh! Erómeno deja que Anteros y Afrodita, que escuchan mis plegarias, intercedan por nuestra unión, y tú acepta el designio de los dioses, siente mi amor surgir con dolor en tu alma y tus poros; déjate convencer amado mío y entrégate a los placeres que nos esperan toda una vida, si así lo permiten los dioses.

Ah, sus manos puras y nuevas, torpes e indecisas, el roce corporal y el resuello, antesala del paroxismo; sus gestos y palabras, el sudor y el cansancio; el dolor. El recuerdo del placer comparado sólo con el del siguiente erómeno que me espera tras la puerta.

Escrito por: Santiago Peña

Audio dirigido por: Santiago Peña

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