SOBRE TALA DE BERNHARD

 En el campo no puede desarrollarse nunca el espíritu, sólo en la gran ciudad, pero hoy todos corren de la ciudad al campo porque, en el fondo, son demasiado cómodos para utilizar la cabeza...

Bernhard. El sobrino de Wittgenstein.

Thomas Bernhard tiene un estilo particular. Al leer un libro suyo, se siente ese amargo característico de su literatura. Esta particular perspectiva envuelve la lectura y nos pone de parte del cascarrabias que todo lo critica, absolutamente todo, hasta a sí mismo. Los libros de Bernhard parecen (no es que lo sean) una especie de sublimación vehemente de los traumas del Autor; es por ese tono tan peculiar que el lector siente estar caminando en medio de fango. Lo narrado es más verdad que lo real, y le creemos a Bernhard. Hay un libro que leí hace mucho que se llama El asco, Thomas Bernhard en el Salvador de Horacio Castellanos Moya, es una versión en el Salvador donde el autor imita el estilo de Bernhard en una novela muy entretenida.

En Tala, la narración transcurre en un solo párrafo. Las repeticiones, propias del flujo de conciencia, son parte de su literatura; como si el libro fuera un monólogo realizado en ese instante. La escritura del austríaco es como las olas marinas, llegan y jalan, pasan un momento sin volver, y de repente regresan sin aviso para refrescar la arena ya seca. En Tala el narrador siempre volverá al sillón de las orejas, incluso parece que ha estado ahí siempre, como si todo a su alrededor siguiera y él estuviera en pausa, stop o estatua, mirando y criticando el mundo asqueroso que le rodea. El sillón de orejas es la anulación del ser, es el escondite y gruta donde se eclipsa el personaje que es tan insignificante como el Fanil de Wilcock: un ser transparente, hombre que no se nota, que su presencia no trasciende más allá de sí mismo. Completamente anulado y feliz, solo observa. El tiempo del libro se basa en la paciencia, toda la narración gira en torno a la espera-del-actor; es un instante detenido y silencioso. El personaje está en la mesa con los Auersberger sumido en sus pensamientos y arrepintiéndose de estar ahí.

La casualidad hace de las suyas para que se desarrolle el relato; me refiero a que el móvil de la invitación a la cena es que se encontraron mientras el personaje iba a comprar una corbata.  El espacio, Kärnterstrasse y Graben, dota de posibilidad literaria y filosófica. El personaje está estancado y por la Ciudad, precisamente por esas dos calles vuelve a ser un artista, revive, resucita. La narración funciona por niveles basados en recuerdos y, por lo tanto, en analepsis. Siempre recuerda, estático, en “su sillón de orejas” y dentro de los recuerdos recuerda algunas veces lo que recordó en el instante del recuerdo.

El personaje finge sobre la muerte de Joana, al aceptar la invitación de los Auersberger y frente a todos en la cena artística. Para el personaje nadie tiene importancia, todos son repulsivos, y en determinado momento se pregunta por qué siguen vivos y Joana muerta. El narrador siempre está cuestionándose respecto lo verdadero opuesto a lo aparente; pero él mismo finge estar bien exteriormente en la reunión cuando interiormente estalla por tanta crítica que hace a todos los “artistas” invitados. En El sobrino de Wittgenstein el narrador, que se presume es Bernhard (no pretendo entrar en la discusión Autor/Narrador), muestra inconformidad incluso al recibir premios; con una clara voz autobiográfica menciona que recibir premios es dejarse defecar en la cabeza. Sin embargo, tanto Bernhard como sus personajes autobiográficos reciben los premios y fingen un contento exterior.

Dentro de la dinámica del relato hay incrustaciones de diálogo indirecto, formalmente se los reconoce por el uso de cursiva. Es decir que el recuerdo es fidedigno (o tal vez no) y lo que representan los diálogos en cursiva es lo que dijeron “otros” mezclado con el recuerdo parafraseado por el personaje.

El punto culminante no solo de Tala, sino de la obra de Bernhard es el Bolero de Ravel. Estructuralmente es la representación de su literatura. Con un mismo tema, cambia la armonía y lo complejiza hasta jugando con las notas armónicas que no se interpretan y solo se presumen en conjunto como espectro.

 por Santiago Peña B.

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