CIENCIA DEL ENAMORAMIENTO

Ahora que se ha enfriado el tiempo de San Valentín puedo hablar libremente del amor. Desde siempre el hombre se ha preguntado: ¿Qué rige la conducta amorosa? ¿El enamorado ‘actúa’ con el corazón o con el cerebro? ¿Por qué personas ‘inteligentes’ hacen barbaridades estando enamoradas? La respuesta no es fácil; médicos, psicólogos, filósofos han gastado tiempo y meditaciones sobre el tema…, les invito a un pequeño recorrido por algunas teorías interesantes sobre el Amor.

Cuando decimos que el enamorado no razona, mas bien actúa con el corazón, no estamos lejos de una teoría del amor. Empédocles, propuso que el corazón es el principal coordinador de los procesos mentales; opuesto a él, Alcmeón, que es el cerebro. Ambas hipótesis (cardíaca y cerebral) suelen asociarse a la actitud de las personas en las relaciones de pareja. El amor comienza con la atracción que es la actitud positiva o negativa hacia el otro. Sentimos atracción por un amigo, potencial pareja o familiar; empieza cuando nos sentimos bien con alguien, cuando asociamos a esa persona con momentos gratificantes o sentimientos positivos y, muchas veces, compartimos intereses comunes.

La teoría del apego propone que las relaciones amorosas parten de la primera relación madre-hijo. Reconozcan este cuadro: un niño de dos años se le separa de su madre; al inicio protesta, llora y la busca, después esta reacción se entremezcla con pasividad y expresiones de tristeza para al final ignorarla, evitando a su madre cuando regresa. Si cambiamos al niño de dos años por un o una adolescente de quince y la ausencia de la madre por la ausencia del ser amado, tenemos completo el cuadro que plantea la teoría del apego. Para ellos, la relación con la madre en la primera infancia sienta la base para las relaciones interpersonales durante toda la vida. Pero nosotros no elegimos cómo se portará nuestra madre, por lo que esta teoría nos ubica en una posición potencialmente trágica. Para Hazen y Shaver es la experiencia vivida en la primera relación amorosa la que determina el comportamiento y las actitudes que el individuo tomará en las posteriores; posición igualmente trágica que la anterior, porque cuando uno se enamora por primera vez, no es consciente de los ‘peligros’ del amor.

Es indudable que el elemento principal en las relaciones es la comunicación; la Escuela de Palo Alto en California, la divide en análoga y digital. La comunicación análoga es la no verbal, instintiva, respuestas que no se controlan como ponerse rojo ante un halago; mientras que la digital, es la verbal, se puede fingir y usarla para determinado fin, como en la adulación. Para una adulación exitosa se debe analizar al sujeto, conocer sus intereses (no los nuestros), sus gustos particulares y alabarlos; pero hay que tener en cuenta que la adulación no funciona cuando se abusa de ella, si el adulado presiente falsedad en las palabras, se desbarata el hechizo.

La hipótesis del acoplamiento físico propone que las personas buscan parejas que se asemejen a su aspecto físico, alguien que esté ‘al alcance de las posibilidades’ o que tengan mayor probabilidad de aceptación; en cambio la hipótesis del acoplamiento general considera que son más importantes las similitudes sociales. Pero ustedes dirán: ¿y esas mujeres jóvenes y hermosas que están con viejos horribles? Berscheid, Walster y Bohrnstedt mencionan que puede haber intercambio de cualidades, el ejemplo clásico es: belleza por dinero.

Robert J. Sternberg desarrolló en 1986 la teoría factorial del amor. La estructura básica del amor está compuesta por tres factores: factor intimidad, factor pasión y factor de decisión de compromiso. La intimidad es la proximidad de la pareja, la conexión existente; consiste en comunicar los sentimientos, compartir las posesiones, apoyo emocional. La pasión es el impulso sexual que comparte la pareja, la atracción física; se expresa abrazando, besando, acariciando al sujeto. La decisión de compromiso tiene que ver con el tiempo que la pareja quisiera estar unida en la relación; se expresa mediante fidelidad, estando en momentos difíciles y en el matrimonio. De la combinación de los tres componentes, propone Sternberg, surgen los tipos de amor: simpatía (sólo intimidad), loco de amor (sólo pasión), amor vacío (sólo decisión de compromiso), amor romántico (ausente la decisión de compromiso), amor de compañía (ausente la pasión), amor necio (ausente la intimidad) y amor consumado (todos los factores presentes). Un buen ejemplo de amor romántico es Romeo y Julieta. El amor de compañía es el clásico matrimonio donde no hay más atracción física. La simpatía es la relación de amigos.

Pero entonces ¿cuál es el móvil del amor? ¿es puramente químico, fisiológico o tiene una fuerte determinación psicológica? ¿Influye, como proponen los psicólogos sociales, el entorno? Pelee y Bradsky comparan el sentimiento del amor con el de la adicción y suena razonable. Sin embargo, este problema es tan difícil de determinar que ni los científicos durante la historia han llegado a un común acuerdo. Platón resolvió el dilema con lo que actualmente se conoce como la búsqueda de la ‘media naranja’, una visión esperanzadora; pero ¿qué tal si no es más que un velo que nos pone la naturaleza para procrear y, como medita Schopenhauer, «sólo se trata de que cada macho se ayunte con su hembra»?, tampoco es una idea del todo descabellada.

Santiago Peña Bossano

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