Deleuze y «Construcción de la Muralla China» de Kafka

«La construcción de la Muralla China» es un cuento que fue escrito unos días antes del 29 de marzo de 1917. Para estas alturas Kafka ya había escrito varios de sus relatos más representativos y dos novelas (la primera, América, inconclusa). Cinco años atrás, Kafka, en la noche del 22 al 23 de septiembre de 1912, había escrito el relato que a mi parecer abre el camino a su grandeza: «La condena»; el mismo año que comienza a escribir América y termina La metamorfosis. Hasta 1917 había escrito cuentos como: «En la colonia penitenciaria», «El maestro rural», «Un estudiante con ambiciones…», «Blumfeld un soltero de cierta edad», «Un médico rural», «El punte», entre los más importantes.

Con anterioridad, Kafka, había tratado el tema de la ley, tanto en cuento como novela. En América se puede observar una ley que sobrepasa la intención e incluso los hechos; es una ley que se vuelve hacia Karl a la que no puede no afrontar y de la que no puede huir por sí solo. En El Proceso, como menciona Deleuze, «K. no se revela contra la ley se pone voluntariamente de lado del poderoso o del verdugo». Cabe mencionar que el cuento «Ante la ley» forma parte de un capítulo de El Proceso; en este cuento al final se sabe que existe una puerta única para cada persona por donde aspira a la ley; sin embargo, cuando lo sabe, es demasiado tarde y el personaje nunca llegará a la ley aunque esté y haya estado ahí siempre. En el relato «En la colonia penitenciaria» la ley aparece unilateralmente, no existe comunicación entre causa y consecuencia, simplemente está y se cumple. Llega al punto de que no se sabe ciertamente —en el relato «En la colonia penitenciaria»— porqué se mata al condenado aunque sí se sabe cual es su condena. El hecho de que el condenado no entienda lo que está sucediendo (no habla el mismo idioma del oficial) es un juego comunicativo donde el emisor envía mensajes que no están dirigidos para él y llegan sin su significado verdadero; el condenado se sirve del lenguaje gestual y enfático-fonético para comprender el proceso del que forma parte. De nada sirve que sepa o no su condena, si es o no culpable, porque la ley ya lo ha juzgado y dictaminado su pena.

En «La construcción de la Muralla China» se presenta nuevamente el tema de la ley. Deleuze menciona que «Nadie conoce el interior de la ley; esto es visible en cuentos como En la colonia penitenciaria y La construcción de la Muralla China». Sabemos que el fin de una muralla es proteger, delimitar territorio; pero, en el cuento, parece que ese fin no es el que pretendía el emperador —el narrador dice en el cuento: Tan grande es nuestro país que no los dejará llegar hasta nosotros, se disiparán en el vacío—. De hecho nunca sabemos el verdadero fin, porque nos llega, como lectores —en vista de que el narrador es testigo— lo que él y quizá el pueblo sabía. El lector se vuelve parte de este sinsentido de construir una obra inmensa que parece no cumplir con su función. Si la obra es tan vasta como menciona el cuento, va a ser imposible que los primeros constructores la vean terminada; esto los convierte en bisagras, en puentes para el fin de la obra, que parece nunca acabar. El construir una obra tan grande es perderse en ella; acaso ¿la obra de la muralla no desborda como el río que menciona Deleuze? ¿No es como la foto extendida del padre? Aquí cabe mencionar la concepción de salida opuesta a libertad; siempre que estén dentro de la Muralla, dentro de la ley no existe libertad, sino más bien salida. Como menciona Deleuze: la Edipización del universo; para estar fuera se debe ir a un ámbito donde el territorio paterno no alcanza, mientas tanto la ley está delimitada a los límites de la muralla.

En «Informe para una Academia» se trata el tema de la salida. La salida es el devenir humano, opuesto al devenir animal de algunos otros cuentos de Kafka. En América tanto Robinsón como Karl, en un punto, devienen a perro; Gregorio Samsa deviene a bicho. Este devenir en el caso de La metamorfosis puede ser tomado como consecuencia de los «Triángulos opresores», como menciona Deleuze; en América de igual manera, la opresión o ley impuesta por Delamarche junto con Brunelda. ¿Quiere decir esto que la presencia de la ley desemboca en el devenir animal, dentro de Kafka? Hacer una afirmación de tal mesura sería inapropiado; sin embargo, a riesgo de equivocarme, dejo planteada aquella duda. El devenir animal en «Informe para una Academia» es la salida; opuesto a la concepción del «Artista del hambre» donde el arte es intrínseco y se vuelve libertad; donde no existe opresión laboral como en el caso de La metamorfosis, donde la vida misma es el Arte. Opuesto a esto Deleuze dice que «Lo que hace Kafka en su recámara es devenir animal»; salida, no libertad. La Muralla es construida por secciones y debido a su extensión quedan huecos en su construcción. Esto parece como la obra del artista y la relación con su sintaxis temporal: la obra general de un autor fragmentada y con huecos, siempre inconclusa. Además que por ser tan extensa «Un hombre no podría comprobar sus huecos» una persona nunca podrá ver la obra completa, además porque nunca se finaliza.

La función de la muralla es proteger. Deleuze menciona: «Pero, ¿cómo puede proteger una muralla inconexa?. Una muralla así no sólo no puede proteger, sino que ella misma está en peligro». Sin embargo, dentro del cuento la jerarquía y la ley son las que rigen el trabajo —el labor de construcción es el más valorado en el contexto temporal del cuento—; los constructores trabajan para el Emperador y no pueden negarse. Tampoco pueden saber las razones que rondan dentro de la jefatura. Deleuze menciona que «La jefatura quería algo inadecuado», refiriéndose a la construcción por secciones de la Muralla; sin embargo no se debía pensar en las ordenanzas de la jefatura. Es decir que se valen de la ley para infundir miedo y castigo.

Cuando se menciona lo del erudito que escribe acerca de la Muralla, se conoce que el fin en sí de la construcción no es una muralla sino una Torre, una especie de reivindicación de la Torre de Babel: «Primero la muralla luego la torre». ¿Es esto un nuevo intento de alcanzar a Dios? Desde esta perspectiva de la torre; la muralla, no valdría por sí, sino sería un paso para llegar al fin: la Torre. Otra vez la presencia de puente, de transición.

Más adelante en el libro, Deleuze menciona: «qué tortura la de ser gobernado por leyes que no conocen». Esto es precisamente lo que pasa en el cuento; rigen leyes que los amenazan y no saben el porqué. «La jefatura existía desde siempre», «Pekín y su emperador son uno, algo así como una nube, que, bajo el sol, va cambiando lentamente a lo largo de los tiempos»; esto a mi parecer es la ley. Siempre existe un estatuto, dirigido por pocas personas que establecen la ley: «Pekín es un punto pequeño que se pierde en la vasta China» y ese pequeño punto es el que impone la ley para todo el vasto territorio. En vista del vasto territorio, el mensaje tiene dos finales: no llega nunca, se desvanece o llega tarde. Esto es de igual manera lo que sucede con el mensaje del Emperador, hay tanta gente entre el mensaje que nunca llega. Lo mismo que pasa con la Muralla; nunca llega a su fin, siempre queda incompleta. Las cartas permiten la comunicación de Kafka despersonalizada con el destinatario. «Imposibilidad de ir». Deleuze relaciona, desde este punto de vista, a Kafka y Prust. El dejar incompleto una obra posibilidad de callar.

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La Comunicación Orquestal

Para aclarar el término de comunicación orquestal, cito las palabras de Yves Winkin: “(…) La comunicación se concibe como un sistema de canales múltiples en el que el autor social participa en todo momento, tanto si lo desea como si no: por sus gestos, su mirada, su silencio e incluso su ausencia (…) En su calidad de miembro de una cierta cultura, forma parte de la comunicación, como el músico forma parte de la orquesta (…) Pero en esta vasta orquesta cultural, no hay director ni partitura. Cada uno toca poniéndose de acuerdo con el otro”[1].

Bajo la perspectiva de los Códigos Sociales, voy a analizar la manera de vestir de los adolescentes actuales. No se puede generalizar; pero, hasta para un observador mediocre, se puede obtener puntos en común entre la mayoría de adolescentes actuales. La moda vigente entre ellos es una semi-cultura, que tiene origen en Argentina, llamada: flogger. “Designa a una moda adolescente argentina, casi un hábito o forma de vida, relacionada con Fotolog.com un sitio de internet donde se insertan fotos, autorretratos, y comentarios. La palabra flogger proviene de “flog”, apócope de Fotolog cuya popularidad se basa en el número de firmas diarias, comentarios, a las fotos[2].

Busqué en internet, y no encontré más que un pequeño análisis académico de esta relativamente reciente moda. Y debido a que no estoy muy bien informado al respecto, recurro la información que proporciona Wikipedia —revisando antes la misma con lo que he podido ver y comprobar por experiencia —, dice: El estilo estético de la moda Flogger se compone principalmente por el uso de pantalones chupines de colores llamativos, los varones utilizan camisas remeras con el cuello en V medio holgadas y las mujeres blusas con el cuello en U de colores llamativos y con estampados. Usan como zapatillas las deportivas de lona o skaters. El peinado que los distingue es semi-largo en los varones y muy largo en las mujeres, esmeradamente lacio, y un flequillo en ambos géneros que les cubra un ojo y cruzado por la frente hasta combinarse con las patillas.

Esto que he mencionado en párrafos anteriores es la viva representación de que la vestimenta nos identifica, o puede hacerlo, con una ideología. El análisis de la vestimenta de los flogger viene desde algunos años antes; son, a mi parecer, una evolución de los emo. Conservan de sus antecesores el peinado; sin embargo, la mayor diferencia, con respecto a la vestimenta, radica en los colores. Si antes los emos usaban colores oscuros, morado, ropa a rayas y calaveras; los floggers usan colores llamativos y totalmente vivos. La característica que más me impresiona de esta moda, es la asexualidad de los exponentes varoniles; desde la perspectiva quinésica, su forma de pararse, caminar, acomodar su cabello, se nota mucha más apertura a lo femenino y sensible. A esta hipótesis personal, se une el hecho de que son adolescentes que se encuentran en plena pubertad y por ello no tienen pelo en el rostro; no se ha visto un flogger que tenga barba. El hecho que usen colores vivos es por su afán de llamar la atención; su misma naturaleza les obliga a tratar de estar siempre aseados, bien vestidos, con buen olor. La tecnología ayuda para que los flogger puedan subir sus fotos inmediatamente y que su comunidad se entere y comente con gran rapidez. En sí ellos son la nueva moda, así como en mi tiempo fue el buen punk.

http://www.slideshare.net/lauelicont/el-modelo-orquestal-de-comunicacin-el-modelo-de-comunicacin-de-palo-alto

http://www.dailymotion.com/video/x3tn4a_interview-de-yves-winkin_people


[1] Extraído de: Pastor, Yolanda. Modelos teóricos en el estudio de la comunicación. PDF: http://www.ucm.es/info/teamwork/abarrasa/tea/200809_IE/Lec4.pdf

[2] Barrios, Ariel. Sebreli y Cumbio, la culminación de una etapa social de la Argentina. Medina Centro de Divulgación Científica (CDC) Facultad de Farmacia y Bioquímica. 2009

Baudrillard y los objetos

Jean Baudrillard habla, en su libro El sistema de los objetos, acerca de cómo han ido evolucionando, a través de su función, los objetos. “No cabe duda que estas innovaciones no constituyen de ninguna manera una improvisación libre: las más de las veces, esta mayor movilidad, conmutabilidad y oportunidad no es sino el resultado de una adaptación forzosa a la falta de espacio. Es la pobreza la que da lugar a la invención[1]. Este fragmento extraído del libro se refiere a objetos que llenan espacios modernos: sofá cama, aparador, roperos en alacenas ocultables, etc. En el libro habla acerca del color, de los espacios, de las paredes de la luz, todo analizado desde el punto de vista de la semiótica y de la comunicación.

A partir de esta breve e insuficiente introducción parto a analizar mi objeto más preciado. Los objetos nos constituyen, hablan de nosotros, nos hacen felices. Me encontraba pensando acerca de esto, y no tenía la plena seguridad de tener un “favorito”. He llegado a la conclusión que por la utilidad, forma, función, algunos objetos coronan el primer puesto y desde otro paradigma cambian; sin embargo, en esencia de mi persona, hay un objeto que es, se podría decir, mi vida: mi guitarra. Más que la guitarra en sí —no es una guitarra cara, es mi primera guitarra y la única hasta ahora, a la que he dedicado horas de práctica en música clásica; y, otras tantas, en música popular— es la representación que la música tiene en mi vida. Digo esto porque ‘perdiendo el tiempo’, talvez no sea adecuado llamarlo así, tocando guitarra y trompeta, me di cuenta que el instrumento que más me gusta es el piano; y, también pensé que, si se podría escoger un objeto ficticio o que no se posea, hubiese escogido un Piano Bosendorfer.

Todo empezó con mi carencia del objeto para expresarme musicalmente; entonces, mi padre, cuando tuve quince años, me compró mi guitarra Cavero. La misma que me dio mucha satisfacción, llenó mi carencia y me acompañó muchas horas produciéndome gran placer. Desde ese momento comenzó la relación mágica que se suele establecer entre los objetos y las personas; la cuidaba —aún lo hago­— como a mí vida. Pocos meses después me inscribí en el conservatorio donde adquirió mucho más valor, tanto la música como el objeto en sí. Desde el punto de vista cultural y desde mi realidad, no hubiera podido escoger otro instrumento —a esa edad— que ese, porque prácticamente era el más conocido por mí y mi entorno.

La relación que tiene y ha tenido, mi guitarra, con otros objetos (valor sintagmático) es por ejemplo de necesidad; una vez que las cuerdas se gastan, compré —por utilidad (mayor sonoridad)— buenas cuerdas para reponerlas. También hay relación con mi físico y desarrollo, tenía que dejarme las uñas de la mano derecha, al menos los cuatro primeros dedos, largas las uñas. Se relaciona con libros y partituras, las que estudiaba hasta no poder más del sueño, se relaciona especialmente con tres de los cinco Preludios de Héctor Villa-lobos; mis obras preferidas; tiene relación muy cercana con mi expresividad, sentimientos, Arte, pasión, desarrollo, adolescencia, luz tenue. Se relaciona, también, con personas: con lo que pude hacerlas sentir; hasta ahora he relacionado más limitándome a la música académica, pero también desde la música popular tiene valor. En mi etapa de adolescencia temprana, media y tardía, me relacioné con la estética punk, tocaba ese tipo de música lo que generaba en las personas aversión, o mucha euforia. También gracias a que estudié en un colegio de Jesuitas, tiene relación con la religión y con las canciones religiosas que, creo, jamás podré sacar de mi memoria.

Baudrillard habla acerca del color (material, funcional) y del material. A partir de esto mi objeto tiene madera natural y un lacado que se siente realmente bien bajo los dedos, manos, antebrazo. El color es estético, quiere representar al color de la madera, las cuerdas prefiero blancas. Si planteamos al objeto como significante, tiene varios significados: el valor de uso es el más importante, porque no es ornamental, y la naturaleza de un instrumento musical es para ser tocado; el valor de cambio que tiene, relación con el valor de uso en este caso, puede ser intercambiadas canciones por aplausos, comida, bebida o dinero —no se cambia el objeto en sí, sino lo que el objeto produce a través de la mano del humano—; y por último el valor simbólico es importante, por ser el primer instrumento, porque fue el camino que me llevó hacia la música y el Arte, con esa guitarra he compuesto mis primeras obras; es decir todo lo mencionado anteriormente converge en este punto para sólo decir que talvez no tiene valor en sí, pero para mí es lo más importante que poseo.


[1] Baudrillard, Jean. El sistema de los objetos. Siglo XXI. México. 1969 (traducción de González Aramburu).