¿TE IMAGINAS UN MUNDO SIN TESIS?

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Terminar la tesis es sentir el aire ligeramente más liviano. Salir del estado de latensia y abrir los ojos a un mundo olvidado por meses. La luz del sol es más radiante y el viento más fresco, la caminata más libre y el asiento más cómodo. Se activan los pulmones y sientes —como antes— los olores de la primavera, de la mierda o del sobaco: los disfrutas, los extrañabas. Inevitablemente una sonrisa se pinta en todas las caras, te vienen ganas de abrazar al enfermo y hacer las paces con el enemigo (no siempre el profesor). Dejas de hacerte las preguntas cotidianas: ¿cómo es posible recluirte varios meses por algo que a nadie le importa?, ¿por qué no elegí algo más sencillo? Nada de eso incumbe una vez culminada. Importa la cerveza de esa borrachera anhelada —el arquetipo de borrachera como lo dirían en las aulas— que marca el fin de los estudios y que es más valiosa que todo el “conocimiento” adquirido en cualquier universidad de cualquier parte del mundo.

Madrid, 24 de mayo de 2015

Santiago Peña Bossano