Sobre el libro TIEMP∞ de Abdón Ubidia

Tiempo

Acabo de viajar en el tiempo. Maravillosa posibilidad que te brinda un libro. No fue, como suele ser, un viaje al pasado o al presente; sino al futuro. Por medio de once campanadas he ido y vuelto a testimoniar sobre mi viaje. He llegado y no me resisto a callarlo ni un segundo. Escribo desde mi tablet, aunque luego de este viaje me da la idea rupestre de estar cincelando un glifo. Sólo una vida reflexiva desemboca en las respuestas que plantea el libro Tiemp∞, vida de constante lectura y tiempo libre. Recuerdo cuando, Abdón —caminando por el parque del Retiro en Madrid— me contó lo significativo que fue el leer a Bachelard. No sin mala intención comprobó mis conocimientos de antropología y psicoanálisis (casi nulos), para luego explicarme la tesis principal de su nuevo libro que se iba a llamar Tiemp∞ —con el signo de infinito en vez de la ‘o’ me había dicho—. Por mi parte me quedé pensando días y días respecto del tiempo y el fuego, de las teorías de Bachelard y Ubidia; hasta que recibí un correo con el manuscrito del flamante —recién horneado— libro de Abdón. Me lo leí de un tirón, casi consciente de que era tan entretenido que se me fue el tiempo sin medirlo. Consta de once relatos que enfrentan al lector a uno de los grandes problemas que ha inquietado a pensadores y artistas a través de la historia. Lo hace con tal sencillez narrativa y nitidez formal que lo puede entender tanto el escolapio como el profesor.

Ahora, con el libro impreso en las manos, tengo la idea de que el diseño y la diagramación le dan un aire ligero y juvenil, con hojitas de colores, muestra de relojes coleccionables y toda la cosa. Al hablar de un libro leído, se hace un viaje al pasado, a los recuerdos y a las impresiones que nos dejó. Eso, básicamente, haré a continuación.

«¿Cuánto dura el presente?» es un capítulo de dos páginas que tiene la fuerza de un golpazo de campana (la primera), dejando reflexiones inasibles como el agua que se escapa sin detenerse por el sifón, llevándose el recuerdo de un amor imposible y maldito. La hora dos: «Distancias» da una visión de tiempo medida por el espacio que una pareja demora en recorrer la vida y la extensión física que separa la relación igualmente imposible como la del capítulo anterior y, por qué no, la misma. Así avanza el libro, jugando con el tiempo de personajes y lectores, entre máquinas fantásticas que predicen un futuro no muy lejano y el fracaso sus protagonistas. La sexta campanada «El tiempo elástico o ¿cuánto duran los deseos?» nos plantea la inquietud del tiempo medido por la vorágine y el ansia de poseer más de lo que se tiene; ¿cuánto nos demoramos en conseguir algo?, ¿lo conseguimos o nos rendimos antes?, ¿tiene sentido el desear siempre algo más?, son preguntas que responde la hora seis con cierta solvencia inquietante. Para este punto, el lector no cae en la cuenta de haber leído ya medio libro: otro juego del Tiemp∞ de Ubidia.

En el campanazo siete, uno comienza a sentir el dinamismo temporal que pudre las almas y las intenciones; el narrador nos presenta la historia de una decisión ética que se deja pervertir. Siguen dos horas tan cortas como cuando te diviertes tanto que el tiempo pasa volando. La última campanada —con la que llega el ocaso—, relata la vuelta al origen y el viaje en el tiempo. Especie de Benjamin Button y Viaje a la semilla, con la novedad del cambio en la psicología de los personajes que pasan de ser amantes a padre-hija y, posteriormente, abuelo-nieta. Tiemp∞ finaliza contemplando el futuro, poniendo al lector de cara a él: «Cuando los viajes en el tiempo se vuelvan frecuentes y masivos. Cuando cada ciudad disponga de un crono-puerto con gigantescas pistas de salida y llegada. Cuando los grandes amigos pacten encuentros en un siglo tal. Cuando los vagabundos del tiempo yerren por los milenios tratando de olvidar un momento atroz. Cuando programemos visitas a los tatarabuelos y a los tataranietos. Cuando viajemos a esos sitios que sabemos que ya no existen desde hace miles de millones de años como pasa con las simples estrellas remotas que vemos por las noches…» No pongo el final, para que los lectores de esta nota tengan la posibilidad de viajar por sí solos.

Abdón Ubidia (1944), ganador del Premio Nacional de Literatura Eugenio Espejo, es uno de los grandes escritores ecuatorianos vivos. Lector apasionado y erudito indiscutible, escritor de ensayos temáticos como La aventura amorosa y sus personajes, Un siglo del relato ecuatoriano; ha trabajado sobre cuento y poesía popular de su país. Dentro de la creación, ha publicado cuatro novelas entre las que destaco Ciudad de invierno. Tres libros de cuentos: Bajo el mismo extraño cielo, El palacio de los espejos y Divertinventos que va por el cuarto tomo: Tiemp∞.

Página de Abdón Ubidia: http://www.ubidia.editorialelconejo.com/

Por: Santiago Peña Bossano

El maestro y Margatira símil musical

La magia diabólica se toma Moscú por la fuerza. El diablo y su séquito han subido ha reformar las creencias de la sociedad moscovita, y probar la existencia de Dios en un país donde el ateísmo era políticamente una imposición de estado[1]. Voland —el nombre que el diablo toma en El maestro y Margarita— muestra la limitación del poder del humano, la existencia de lo sobrenatural, y la pequeña franja divisoria entre la locura-cordura y lo establecido-verosímil. Lo fantástico se introduce de manera absorbente y magnetizante; nos hace preguntar acerca de los límites de la comprensión humana, de la división del mal y del bien, de la subordinación impotente del hombre a fuerzas mayores. No por nada es considerada una de las novelas más importantes, en lengua rusa —incluso, me atrevería a decir, que a nivel universal—, del siglo XX.

“Su habilidad con las palabras te asalta con violencia y pasión, narrando con la misma fuerza que una melodía de Tchaikovski, una progresión de Rachmaninov o un estallido de belleza repentina de Prokofiev” (Tomado de bibliópolis.org)

Considero que se puede hacer un paralelismo con una obra de Hugo Alfven llamada Summer Rain; la obra es calmada, polifónica; y una de estas voces acelera el paso del tiempo haciendo ritmos diferentes en la flauta, lo que genera la sensación de avenimiento, como paso del agua, la lluvia. Precisamente es lo que pasa en El maestro y Margarita; a ratos se vuelve dinámica otras morosa, siempre siendo fieles al fin con que se escriba el capítulo o fragmento.

Mijaíl Bulgákov escribió una novela fantasiosa, en ocasiones próxima a la fábula infantil, en otras a los relatos góticos, enormemente corrosiva y tremendamente divertida. Se puede hacer un paralelismo entre el Maestro y Bulgákov: el segundo quemó su manuscrito de la primera versión de esta novela[2]; y, en la novela, el maestro quema su manuscrito, también. Pero en la novela, reino de la imaginación, Voland entrega una copia intacta al maestro evitándole así el trabajo que le supuso a Bulgákov reescribir toda la obra[3]. El epílogo esconde una brillante ironía, una cruel burla al tiempo en que fue escrita —aunque toda la obra es una mordaz ironía de la sociedad, el eplílogo aclara a la razón de los ‘racionales’ los hechos, he ahí la importancia del mismo—. Al hilo de las investigaciones policiales abiertas para esclarecer los motivos del desbarajuste caótico que se ha adueñado por unos de días de Moscú, se adereza una versión asumible en los informes oficiales.

Para finalizar quiero citar las palabras anónimas que encontré en una página: “es un argumento alocado, que no sabes a dónde te va a llevar, pero que sientes sujeto por riendas de acero; llevado por unos personajes desquiciados y cincelados con delicadeza y precisión que resumen las contradicciones del mundo en su comportamiento. Las varias líneas argumentales crecen, se entremezclan y complican con una seguridad y velocidad que parecen querer aprovechar el corto verano antes que el invierno las hiele, envolviendo la narración en magia, un humor satírico y terrible de noche veraniega de brujas, aquelarres, magia en una sociedad cientifista y burocratizada”[4]. El maestro y Margarita concluye como un desafío al realismo socialista, como una muestra de poderes sobrenaturales, como una exaltación a la obra de Arte inmortal que vence las barreras del tiempo, y a la que podemos recurrir cada vez con más apego, e interés.


[1] Y no sólo en ese aspecto; Margarita puede ser su esposa Elena, incluso al darles el mismo final (a la obra del Maestro y la suya que contiene la del Maestro) está declarando el paralelismo dicho.


[4] En el régimen comunista de la antigua Unión Soviética —durante el gobierno de Stalin—, el ateísmo era una imposición de estado; incluso el ir a misa podía ser castigado con la cárcel.